Algo tienen que ver, pero también en algo se diferencian, las cartas de ajuste de las cartas de navegación. Para ajustar, no hay mapa universalmente establecido, lo cual no significa que no haya incluso un exceso de indicaciones y de sugerencias. Hay además prescripciones y hasta “edictos y dictados", presentados como recomendaciones. La nave se gobierna y se trata de hacerlo con determinadas coordenadas y referencias. La cuestión es establecer cuáles son las que han de primar cuando de ajustar se trata. Y este es el asunto, que no es posible hacerlo sin relacionarlo con algo otro. Ajustar es también comparar y hacer coincidir. La carta de ajuste determina el campo de juego y se trata de adaptarse, acomodarse o conformarse a ella. La cuestión es cómo se establece.
Ajustar es llegar a ser justo con otra cosa, respecto de ella, no aislada e independientemente. Hasta el extremo de que llega a decirse que consiste en “apretar algo de manera que sus partes casen o vengan justo con otra cosa”. Todo ha de ponerse al servicio de este arreglo y se trata de concertar, capitular o concordar con ello, para lo que es preciso optimizar el funcionamiento. En definitiva, cumplir hasta el extremo de conformar el gusto o la opinión e incluso la voluntad con otro.
Tras estos necesarios pasos explicativos, la complicación y la complicidad son aún mayores. Por eso sorprenden tanto quienes se desenvuelven sin incertidumbres en un espacio que ha de ser el de la deliberación, dada la problematicidad de la cuestión. Es el espacio de lo debatible y de lo discutible, de lo que sólo se dilucida con un acuerdo. No sólo ha de concordarse con la carta de ajuste para comprobar si los tonos son los mismos, si el brillo es el adecuado, si la luminosidad es la pertinente, si los matices coinciden. Incluso en una gama se trata de elegir. Hemos de acordar entre nosotros. Disminuir el ámbito de lo que cabe decidirse, presentándolo como inexorable, suele coincidir con la reducción del espacio de lo que es objeto de una resolución compartida. No es una conclusión, ni una deducción, es una respuesta. Ya se sabe que quien siempre entiende que la modalidad de ajuste es ineludible, procede por exclusión. El ajuste del justiciero ajusticia valores. Y de ser así, en definitiva ajustar vendría a ser apartar.
Cuando de ajustar se trata, ha de hacerse valer lo justo y no sólo las recomendaciones que, establecidas como imprescindibles, ya no se reducen a serlo. Vienen a ofrecerse como imperativos, prácticamente como mandatos. No es la necesidad de los ajustes puesta en esta ocasión en entredicho. Se trata de que hemos de analizar y de definir su sentido y su alcance.
El asunto es de tal complejidad que ni siquiera así queda resuelto, sólo desplazado, pero esta valoración puede resultar fecunda. Porque, como Aristóteles señala, también hemos de deliberar acerca de lo que es justo y de, hasta qué punto, estamos comprometidos con ello. Y en tal caso hemos de argumentar, de acuerdo con valores y con objetivos, estableciendo los límites y las prioridades, aglutinando voluntades y buscando la máxima corresponsabilidad, que no consiste en reclamar de los demás que se adhieran y se impliquen sólo en la decisión, sino convocándoles a formar parte del proceso argumentativo y deliberativo. Cuando única y exclusivamente se habla de ajustar en el sentido de apretar, se están dejando de lado demasiados aspectos. También es coincidir según lo justo.
Las situaciones complejas pueden ser asimismo una ocasión para otro tipo de ajustes, para restablecer espacios de equidad y de justicia, para distribuir los recursos, para potenciar los servicios fundamentales, para reorganizar nuestra escala de valores y para priorizar lo que entendemos decisivo para la dignidad y el bienestar de los ciudadanos, esto es, para señalar qué entendemos por desajustado, es decir, injusto. Puestos a reducir algo, no estará mal reducir la injusticia.
Con esta carta social de ajuste y en un espacio de responsabilidad compartida, sin duda estableceremos conjuntamente las decisiones necesarias. Se precisa este espacio para el acuerdo. Así que, entregados al ajustar, conviene revisar cuál es nuestra carta de ajuste. Sobre todo si nos convoca el hacerlo con justicia, que es derecho y razón, pero también equidad.
(Imágenes: Globeando, experiencia de Basurama; Thierry Garnier- Lafond, Tribunal de Justicia).
Ángel Gabilondo

