26 de noviembre de 2012

Sin claudicaciones

Sin claudicaciones


Nuria meseguer 18
Por lo que algunos dicen, estamos perdidos, estamos acabados, no hay nada que hacer. Y sin embargo, frente a este catastrofista discurso, el de quienes se amparan en que sólo es posible asentir, seguimos adscritos a las búsquedas, a las tareas. Es espectacular comprobar hasta qué punto se persigue, se lucha, se incide, lejos de toda claudicación. Si asintiéramos a los agoreros que se hacen portavoces de un supuesto realismo sólo cabría la rendición.
Ni en la vida personal, ni en la social, ni en la política cabe ampararse en las dificultades para dar por clausurada toda posibilidad. Tantos esfuerzos colectivos y la permanente tarea singular y personal abren expectativas en tiempos en que todo parece concluido. Desde luego no faltan razones para el desaliento pero tampoco para no entregarse a él.
Si amparados en la situación, sin duda de enorme complejidad, detuviéramos nuestra dedicación y nuestro esfuerzo para concentrarnos en la mera contemplación de lo que nos desagrada, no haríamos sino entronizarlo definitivamente, para satisfacción de quienes no encuentran incomodidad en lo que ocurre, e incluso disfrutan de la coyuntura.
Nunca fue fácil alzarse con el día y tratar de corresponder a su amanecer con nuestra acción. Y para algunos muy singularmente. Y resulta bien atractivo comprobar que no faltan quienes lo dan y lo ponen todo por afrontar la tesitura en la que se encuentran. Los mentores de la euforia son tan inquietantes como los que insisten en que más vale aguardar a que amaine. Esto es, una vez más, a la espera de que seamos liberados de esta condición por alguna genialidad salvífica exterior. Y quedamos a su merced.
Se requiere del esfuerzo de los demás, se invoca con razón, pero para hacerlo con legitimidad conviene que empecemos por no limitarnos a dejarnos llevar por lo que sucede. No hemos de ignorar, sin embargo, que para algunos la situación es límite y resulta grotesca la invocación que desde la comodidad se hace a que han de hacer valer menos sus razones y más su entrega. Así, sin perspectivas ni horizontes, caminarían entusiastas hacia donde otros les indiquen. Pero la necesidad de comprenderlo no significa llamar a ampararse en lo comprensible.
Nuria meseguer 9
Es cierto que el primer sometimiento suele ser el de la mera constatación del estado actual como incontrovertible e irresoluble. Pero también se puede ser sumiso a falsas expectativas. No poco se trabaja para hacer inviable lo que nos interesa que no se presente como posible.
La educación a fin de sacar lo mejor de sí no ha de ser una coartada para ignorar las condiciones y las posibilidades concretas, las oportunidades, o su ausencia, en las que se desarrolla la labor. Educar para decidir, para debatir, para disentir pacífica y argumentadamente exige moverse más en el terreno de los motivos, de las causas, de las soluciones y ser capaz de comprender los momentos. Reclamamos de los otros, y más aún de los más jóvenes, incluso de los menores, de los niños, esta actitud, y no está mal que lo hagamos. Pero es espectacular comprobar hasta qué punto nuestro propio modo de proceder y el comportamiento social y público general proclaman con nuestra acción otros valores. Y no se educa únicamente, como con frecuencia señalamos, en horario escolar.
Otro tanto nos ocurre con la insistencia en reclamar espacios participativos, mientras no siempre incidimos en generarlos para la decisión compartida, en procurar espacios para lo común. Propiciar un tono constructivo y crítico exige evitar el trato paternalista y mostrar, frente a modelos cortoplacistas y depredadores, que sin capacidad de soñar no se es en verdad realista. Y sin capacidad de luchar por lograrlo tampoco.
De ahí que en la situación de mayor incertidumbre es precisamente cuando se hace más urgente el conocimiento. Y empezar por cuidarse y desarrollarse, por formarse permanentemente, incluye combatir el deterioro que consiste en entregarse asépticamente, sin más, a lo que ocurre y nos ocurre. El carácter civilizatorio de la educación comporta por tanto evitar la concepción de que lo que sucede es inevitable e inexorablemente así. Llamar realismo a esta claudicación es ya la pérdida de todo camino de formación. Es indispensable pedir paso. Y no lo es menos abrírselo.
Nuria Meseguer 11
Educar es también mostrar que no todo depende de la mera voluntad o de la decisión, sin las cuales en cualquier caso hay poco que hacer. Los contextos no son mero contorno o aditamento sino que en ocasiones resultan determinantes y, en correspondencia con ello, no como simple adaptación, la educación ha de alcanzar asimismo a tales incidencias que, en esa medida, inciden literalmente de modo decisivo. Por eso la participación social es clave para educar.
De ahí que todo ese discurso público que aplana una y otra vez la perspectiva, que insiste exclusivamente en las dificultades, en los defectos, con la confianza de que ese es el camino estimulante, es tan desalentador como el de quien estima que todo va bien. En ambos casos, el mismo proceder paralizador. Si en todo caso ya estamos acabados, no haría falta ni dejarnos llevar. La responsabilidad de la palabra divulgada alcanza a cada conversación privada. El abatimiento, la consternación reiterada y proclamada obedecen en ocasiones a buenas razones, pero otras son maleducada exigencia. Por un lado, provocan contagios inquietantes, sólo comprensibles cuando son ineludibles. Además, estas actitudes se aprenden y, a su modo, se enseñan.
También se aprende a tener una educación insolidaria y resignada y, aunque resulten supuestamente invisibles, algunos discursos parecen promover en nombre de la mejora la pasividad de dejarse hacer. Pero eso no propicia una disposición adecuada para la educación. Es como si, desechado cualquier otro interés, bastara con adquirir conocimientos, por ejemplo, el de que todo obedece a una inutilidad casi constitutiva de algunos que se opone al, por lo visto, talento innato de otros, para empezar de quienes detectan permanentemente insuficiencias ajenas y sólo ajenas.
Hemos de insistir, pero coordinada y conjuntamente, y para ello la creación de un clima y de una dinámica de confianza es decisiva. Es cierto que a veces la realidad se basta para desalentar, pero no lo es menos que también hace su trabajo el desconsiderarla. O el caracterizarla según nuestro interés. Sin embargo no menos desanima el ignorar que no sólo el ser se dice de muchas maneras, como Aristóteles nos recuerda, también el decir es de muchas maneras y asumir la realidad es y se dice de múltiples formas. Es cuestión de que no se utilice para confirmar nuestras previas decisiones y posiciones: eso es también claudicar.
0Nuria Meseguer 8
(Imágenes: Pinturas de Nuria Meseguer, de la serie Mar azul)
“En un principio saco fotografías bajo el mar de los modelos, que luego imprimo a formato clásico, 10 x 15 cm normalmente, y selecciono de las imágenes a las personas que pintar, según las aguadas que me han quedado en el lienzo y lo que me inspiran. A continuación copio la foto a carboncillo, dibujando a ojo, y más adelante pintando al óleo. Aunque me da vértigo comenzar cada cuadro de esta forma tradicional de pintura, también reconozco que sentir el desafío y el miedo de que quizás no consiga lo que busco, me motiva aún más...”

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