


La Envidia de la Luna
¿Por dónde podré bajar?, se preguntaba la solitaria luna paseándose por el cielo.
El inmenso espacio azul le parecía una jaula y su único amigo era el aire.
Lo envidiaba por su libertad para desplazarse de un lado a otro jugueteando con las nubes.
Su mayor anhelo era pisar esa verde alfombra de las praderas que veía desde arriba, y dejarse resbalar por las colinas que descendían hasta un profundo y misterioso manchón azul.
-Quiero conocer ese otro cielo que tienen abajo -le contó al aire.
No es el cielo, mi amiga , es el mar.
Se acrecentaron sus deseos y en un ataque de mal genio gritó:
-¡Quiero bajar! ¡Quiero bajar!
Una estrella peleadora le dijo:
-¿Para qué formas berrinche?
Eres centinela de la noche y no puedes dejar tu puesto.
Al verla llorar lágrimas de plata, las nubes se pusieron de acuerdo.
Ellas la comprendían, porque en sus viajes siempre admiraron la tierra.
Escrit per en Jaume Timoner.
Fotos: Jaume Timoner (Illes Cies - Galicia / al.lots de Gueoul Senegal).
Pilar Fuster


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